¿Cómo descansa una nube cuando es momento de convertirse en lluvia? El agua y su ciclo pueden convertirse en buenas metáforas sobre la transformación de la existencia desde un tipo de forma hacia otro. Siempre siendo lo mismo. Cuando te conocí no sabía que iba a suceder esto. Nadie sabía. Nadie ni siquiera podía anticiparlo. Podríamos haber sido cualquier cosa. Cualquier cosa. El mundo pudo haber sido cualquier cosa. Nada hay más que la fuerza del presente para la transformación de las formas.
Lima llora esta noche como yo no puedo llorar. Y, sin embargo, una lágrima brota desde lo profundo. ¿De dónde?, me pregunto, si mis entrañas arden como el corazón de un volcán que con cada pálpito del centro de la tierra quema cada vez más. Llegado el momento las nubes no pueden descansar. Llegado el momento, todo solo sucede.
Esta noche iba ser un nuevo comienzo, y sin embargo, lo es. Hacerse esperar por uno mismo es el peor de los pecados de la tierra. Ser lo que no se quiere es solo una pequeña tormenta. En el mar. En nuestro mar. En la tierra. En nuestra tierra. Siempre somos la semilla, hasta que la estación termine.
Lima llora mis lágrimas, las de muchos con identidad diversa, endeble, frágil, en construcción, como la de Lima misma. Lima llora con lágrimas infinitas, incontables, minúsculas. Garúas que mojan, pero no se sienten. Es un llanto que consuela a sus seres verticales, los alienta a sentir, a existir, a ser más que lo mismo. Entre esta nostalgia, Lima une a todos bajo su llanto y los abraza, los llama a ser uno, a amar.
Varias decenas de personas cantarán canciones esta noche multicolor. Yo las cantaré también, siempre contigo.
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