martes, 12 de septiembre de 2023

Agua estancada

Qué se cree el mundo para pretender estar conmigo y no dejarme estar con él.  Darse a la realidad es una tarea convenientemente rutinaria. Ir en una dirección, ser recibido, verse atrapado, enjaulado. Con tristeza le sucede al agua. En general, se va y se viene. A veces nube, a veces hielo, otras río y otras lago. Ir y venir. Pero, cuando solo se va, cuando se queda por encima de un territorio que no permite el flujo, cuando ni siquiera la evaporación es una opción, cuando nada te recibe y la forma más pura de la existencia material se pudre desde adentro, allí, nada hay más que el viento, otras nubes, otras lluvias, el sol, o un surco creado por un alma caritativa para la liberación. 

Son los otros seres del mundo los que la salvan.  Y, en cambio, el mundo, aparentemente inocuo, pretenciosamente iluso, tristemente falto de coraje, solo se conduce por la pasividad detestable que estanca al agua, la observa y no la deja estar con él. Es este mundo el que espera que sus formas se salven entre sí el que a veces solo nos observa, está con nosotros, pero no nos deja estar con él. ¿Y qué hacerle? Odiarle puede ser una opción, pero no una conveniente. Aceptarle es la salida estoica. Pero, ¿cuánto hay de nosotros en el mundo realmente? Quizás hacen falta mejores percepciones y decisiones.

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