Acabo de escuchar la canción de Alil Manzug titulada Luciérnaga y por un momento me trasladó a uno de los momentos más amenos que la vida me ha permitido experimentar. Me trasladé a una tarde de algún lugar con cielo claro y nubes bien definidas, típicamente soleada con la cantidad exacta de calor por las mañanas y las tardes entre primavera y verano. Recordé que el cielo comenzó a nublarse con relativa rapidez entre masemenos las 13 o 14 horas del día. De pronto, para luego del almuerzo, y ya con certeza a las 15 horas, desde el cielo había ya comenzado a llover. El día había pasado a ser un lugar frio, lleno de viento, hostil, por llamarlo de un modo, o hasta casi triste. Sin embargo, para luego de los deberes, descansos o reposos, llegadas las 17:30 horas solo algunas blancas nubes habían quedado, el cielo volvía a estar despejado y celeste y el sol estaba ya dejando sus últimas luces escarlatas desde el oeste en ellas. Nada menos cotidiano para mi yo de la infancia, de quien me siento muy orgulloso.
jueves, 18 de julio de 2024
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