No más impermanencia
Ucayali 116
Ucayali 129
Ucayali 118
Ucayali 122
(imágen)
Casi doce.
Más de once y treinta.
Menos de uno.
No sé.
Cercano a lo atemporal
sello lo onírico,
capturo el fulgor naranja,
casi solar,
y me envuelvo en
los sonidos de los finales.
La gracia de la ilusión desvanecida
se desvanece en mis adentros,
y el encanto
infinito
se queda presente
y existente,
perenne.
II
¿Dónde?
No concibo la extinción,
y mi permanencia
depende de mi
y de la realidad.
"Perenne en el corrosivo
viento temporal",
o debería decir existencial.
Donde brota la luz
naranja de la inclinada
rama joven que guarda
el sentimiento y el sentido
de estos
mis pasos y respiros.
En el farol
y
en
mí.
La
mirada lejana
El
vaticinio atemporal
se
reveló abstruso
y
claro,
se
tornó contingente,
onírico.
Ordenemos:
La
vida jamás dejará
de
sorprenderte.
¿La
extinción?
Descubrimientos.
Los
inicios.
el
inicio,
lo
cercano,
lo
lejano.
La
unidad.
La
inclinada
rama
joven que guarda
el
sentimiento y el sentido
desencendida
me ha esperado
Más
su color
anda
en un solaz
en
los campos secos y amarillos
típicos
de julio
en
el valle del Mantaro.
El
color
tomando
el sol,
espectando
el
limpio cielo del valle,
de
los Andes.
El
momento
perennemente
convirtiéndose
en
extinsión
y
permanencia.
El
momento
conjugando
con el todo,
trayéndote
hacia aquí y ahora.
El
momento
Mostrándote
la condición
irrevocable
de
permanecer
existiendo*.
La
vida
recordándote
tu flujo
(tu
influjo).
Consiguiendo
guardar
cada
intersticio
en
la bodega infinita
de
la realidad.
Aquella
donde
tu
devenir
se
construye entre
el
flujo y el influjo,
otra
vez,
en
ti.
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