viernes, 12 de julio de 2019

Ucayali 121

I

No más impermanencia

Ucayali 116
Ucayali 129
Ucayali 118
Ucayali 122

(imágen)

Casi doce.
Más de once y treinta.
Menos de uno.
No sé.

Cercano a lo atemporal
sello lo onírico,
capturo el fulgor naranja,
casi solar,
y me envuelvo en
los sonidos de los finales.

La gracia de la ilusión desvanecida
se desvanece en mis adentros,
y el encanto
infinito
se queda presente
y existente,
perenne.

II

¿Dónde?

No concibo la extinción,
y mi permanencia
depende de mi
y de la realidad.
"Perenne en el corrosivo
viento temporal",
o debería decir existencial.
Donde brota la luz
naranja de la inclinada
rama joven que guarda
el sentimiento y el sentido
de estos
mis pasos y respiros.
En el farol
y
en
mí.


La mirada lejana

El vaticinio atemporal
se reveló abstruso
y claro,
se tornó contingente,
onírico.

Ordenemos:
La vida jamás dejará
de sorprenderte.
¿La extinción?
Descubrimientos.
Los inicios.
el inicio,
lo cercano,
lo lejano.
La unidad.

La inclinada
rama joven que guarda
el sentimiento y el sentido
desencendida me ha esperado
Más su color
anda en un solaz
en los campos secos y amarillos
típicos de julio
en el valle del Mantaro.

El color
tomando el sol,
espectando
el limpio cielo del valle,
de los Andes.

El momento
perennemente
convirtiéndose
en extinsión
y permanencia.

El momento
conjugando con el todo,
trayéndote hacia aquí y ahora.

El momento
Mostrándote la condición
irrevocable
de
permanecer existiendo*.

La vida
recordándote tu flujo
(tu influjo).
Consiguiendo guardar
cada intersticio
en la bodega infinita
de la realidad.

Aquella donde
tu devenir
se construye entre
el flujo y el influjo,
otra vez,
en
ti.

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