EL DESCONOCIMIENTO y la confusión son consecuencias directas de nuestra tendencia a la verdad. No quiero entrar en detalles, solo diré que es desesperante (un desvanecimiento de la esperanza al no vislumbrar entendimiento alguno, una imposible adecuación entre el fenómeno que se manifiesta y las ideas que se conciben).
En este abstruso campo, los sentidos, aunque falaces, pueden llegar a abrirnos caminos: son nuestro primera y más cercana ventana a la realidad. La cautela, sin embargo, debe permanecer presente y constante, aunque no tanto, en los momentos más evidentes.Cuando la desesperación vaya extendiéndose por los confines de nuestro ser y se torne casi aplastante la condición efímera, vuelve al comienzo.
Respira, siente el aire entrar por tus narices, tocando tus fosas nasales y conduciéndose por entre los conductos que permiten que fluya. El tacto es casi una forma de unión . Te quemas o te enfrías: eso es el tacto.
Inspecciona con rigor lo más cercano que tengas. Captura su forma, su color. Siente el color. Prueba alejándote y acercándote. Por los costados. Desde arriba y desde abajo. Atrás. Baja los parpados: es la unión atemporal y espacial.
Pasa la saliva. Gusta de lo insípido o regresa a los sabores que acogiste con anterioridad. Es el tacto otra vez, pero es el tacto del sabor. La suavidad acompaña al líquido espeso y viscoso, no hay fricción: puro adentramiento; y aún así, movimiento.
Cubre con tus manos tu rostro y luego deslízalas hacia arriba procurando alcanzar una presión no incomoda en la cabeza; no pares, sigue deslizando. Acaba en tu nuca, dirígete a los laterales del cuello y regresa a donde empezaste. Inhala. Huele lo que te compone, huélete. Ahora tus partes están mas cerca de ti.
De entre todos los sonidos captura el que más te guste. Coloca tu atención en el inicio y el final, espacial y temporal, del mismo. Si fue fugaz, siente la fortuna de haberte encontrado con aquello tan fugaz que tu capturaste. Si aquel sonido sigue allí, encuéntrate con la onda y mediante ella viaja hacia la realidad, hacia el objeto. Ámalo.
(¿Se puede escuchar al silencio entre el ruido?
Dímelo tu, acaso no es buscar la onda que te conduzca hacia aquello. Búscala si es tu anhelo.)
¡Y más!
Ahora estás aquí, contigo, con la realidad: sabes eso. Lo crees y lo sientes.
Luego una palabra y otra, y otra. Crecemos. Despojarse de la desesperación es bueno. Busca en ti y afuera, pero no en lo desconocido.
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Son perpetuos
los amaneceres
y
anocheceres:
condición irrevocable de la existencia.
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